Por Escuela Popular Permanente/ La Comunidad

Contra la guerra imperialista y el neo-conservadurismo criminal
Desde América Latina al mundo entero, levantamos una voz clara, firme e irrenunciable de repudio absoluto frente a la agresión militar criminal perpetrada por fuerzas armadas de los Estados Unidos, bajo órdenes directas de Donald Trump, contra territorios civiles y militares de la República Bolivariana de Venezuela. Este ataque no es una “operación puntual”, ni una “medida defensiva”: es un acto de guerra imperialista, una demostración brutal de dominación y una advertencia mafiosa dirigida a todos los pueblos que se atreven a desafiar el orden capitalista global.
Trump encarna hoy al abusador del mundo, al matón prepotente que se arroga el derecho de decidir qué pueblos pueden gobernarse y cuáles deben ser sometidos. Su accionar recuerda, sin matices ni exageraciones, la lógica del nazismo histórico: la deshumanización del otro, la supremacía armada, el derecho autoproclamado a invadir, castigar y exterminar en nombre del “orden”, la “seguridad” y la “civilización”. La Doctrina Monroe, reciclada ahora como Monroe 2.0 o Doctrina Don-roe, vuelve a declarar a América Latina como patio trasero, como territorio disponible para el saqueo, la ocupación y la sangre.
No podemos permitirlo.
No podemos avalarlo.
No podemos callar.
Si esta agresión se naturaliza en Venezuela, se legitima con más fuerza la idea de guerra total contra los pueblos. Se entrega carta blanca a los sectores neoconservadores, fascistas y militaristas para profundizar la represión global: bombardear territorios, asesinar civiles, encarcelar militantes, destruir organizaciones populares y aplastar cualquier intento insurgente, insurreccional o rebelde que cuestione el orden vigente del capital. Venezuela es hoy el blanco, pero mañana puede ser cualquier pueblo que se levante.
Por eso afirmamos con claridad política y ética: la soberanía no es sólo de los Estados, es principalmente de los pueblos. Ninguna potencia extranjera, ningún presidente imperial, ningún ejército de ocupación tiene derecho a imponer gobiernos títeres, a decidir destinos nacionales ni a escribir con misiles el futuro de millones. El pueblo venezolano —con todas sus contradicciones, debates y procesos internos— tiene el derecho inalienable a autodeterminarse, a resolver sus conflictos sin intervención extranjera, sin chantaje militar, sin bloqueos ni bombas.
Hoy, cualquier crítica al proceso político venezolano queda necesariamente en segundo plano frente a esta grotesca demostración de matonaje imperial. No se puede hablar de democracia mientras caen misiles. No se puede hablar de derechos humanos desde portaaviones. No se puede hablar de libertad con el dedo en el gatillo.
Llamamos a los pueblos de América Latina, del Caribe y del mundo a activar todas las formas de solidaridad internacionalista: declaraciones públicas, afiches, acciones callejeras, manifestaciones, videos, pronunciamientos y articulaciones unitarias. La única barrera real frente al continentalismo más agresivo no reside en las instituciones internacionales vaciadas de contenido, ni en las declaraciones diplomáticas que se disuelven ante el primer despliegue militar, sino en la unidad consciente de los pueblos en lucha. El continentalismo, entendido en su sentido geopolítico profundo, es la pretensión de una potencia de organizar, controlar y subordinar un continente entero como espacio estratégico exclusivo, asegurando recursos, rutas, gobiernos obedientes y disciplinamiento social frente a cualquier desviación del orden imperial.
En ese contexto, América Latina vuelve a ser concebida como retaguardia estratégica, como zona que debe permanecer férreamente controlada para compensar pérdidas en otros frentes del tablero global. El mensaje es claro: el continente no puede convertirse en espacio de autonomía, articulación popular ni soberanía real.
Frente a esa lógica de dominación continental, la unidad de los pueblos no es una consigna abstracta, sino una necesidad histórica concreta.
Este 2026 comienza con una señal peligrosa y brutal del imperialismo en crisis, pero también puede marcar el inicio de una respuesta popular internacional que frene la guerra, derrote al neo- conservadurismo global que trata de imponerse a sangre y fuego y reafirme una verdad que ningún imperio ha logrado borrar:
los pueblos no se dominan, los pueblos no se compran, los pueblos deciden su propio destino.
Solidaridad total con el Pueblo de Venezuela.
Fuera el imperialismo de Nuestramérica.
Por la autodeterminación, la dignidad y la lucha de los pueblos del mundo.
Escuela Popular Permanente /La Comunidad
Enero 3 de 2026


