Les compartimos 4 documentos que el militante popular argentino Claudio Katz genero durante este tiempo para comprender el ciclo de Trump y sus intereses con América Latina.
Trump no es un desorbitado. Provoca adrede una crisis para intentar la restauración hegemónica del dólar. Su proteccionismo es tan ineficaz, como su pretensión de relocalizar empresas que solo son rentables en el exterior. La confrontación directa con China llega tarde y con visibles desventajas. Recurre a un nostálgico lenguaje imperial que no enmienda el declive económico y los fracasos bélicos, mientras las perspectivas de inflación-recesión agravan las tensiones internas. Con retórica etnocéntrica retoma el intento bonapartista y combina su trayectoria lumpen-capitalista con nuevos proyectos de poder digital. La resistencia local y global comienza a socavar sus pretensiones autoritarias.
Trump promueve la confiscación de América Latina para contrarrestar el avance de China. Inició esa expropiación con el ultimátum a Panamá y la sujeción de Argentina. Exige lealtad al dólar, subordinación al FMI y experimentos con monedas digitales, para consumar la apropiación de los recursos naturales. Utiliza los aranceles contra México para privilegiar a las compañías estadounidenses, mientras la desindustrialización de Argentina anticipa las consecuencias de su ofensiva.
Trump recrea el monroísmo para disuadir a China, pero Estados Unidos devasta sociedades sin recomponer su primacía. El magnate no ofrece remedios para esa destrucción sin réditos. Transfiere a la región los traumas del narcotráfico y la inmigración, agravando la degradación social de América Latina.
El trumpismo latinoamericano acata las órdenes de su jefe, imitando sus comportamientos y falacias. Pero la atadura a una potencia en declive anula los réditos de esa sumisión. Irrumpe para sofocar rebeliones y erradicar el ciclo progresista, con programas neoliberales opuestos al proteccionismo de su padrino. Exhibe personajes exóticos lindantes con la lumpen-burguesía, pero actúa en sintonía con el gran capital.
El fascismo es un peligro, pero no una realidad inmediata y es tan equivocado sobrevalorar como desconsiderar ese desemboque. El anarcocapitalismo converge con esa derivación por su fanática defensa de la propiedad y la condición periférica no exceptúa a América Latina de esa amenaza. El fascismo es un fenómeno político que integra otras dimensiones y la prioridad es resistirlo.
América Latina debe generar respuestas conjuntas a la agresión de Trump, combinando la redistribución del ingreso con la soberanía comercial y un modelo de industrialización asentado en la recuperación del poder de compra. La integración regional exige superar la presión balcanizadora de las clases dominantes, que estanca a UNASUR y la CELAC. Un enlace promisorio con los BRICS presupone, además, otra postura de Brasil. Con proyectos de poder popular se pueden superar las vacilaciones del progresismo.
Fuente: https://katz.lahaine.org/


