«La historia de todas las sociedades hasta nuestros días es la historia de las luchas de clases». EL MANIFIESTO COMUNISTA
Por Escuela Popular Permanente/ La Comunidad
Compañeras, compañeros, compañeres:
Hoy, en este 1° de mayo, no nos reunimos solo para conmemorar sino que también, para recordar, comprender y proyectar. Porque esta fecha no es una ceremonia vacía: es memoria viva de lucha, es historia de sangre obrera, es organización colectiva enfrentando al capital.
Desde las jornadas de Chicago en 1886 hasta las huelgas obreras en Chile, desde las salitreras hasta la Unidad Popular, nuestra clase ha demostrado una verdad fundamental: todo derecho ha sido conquistado mediante lucha organizada. Nada nos ha sido regalado.
Pero hoy debemos ser claros: no basta con recordar la historia, hay que leer el presente con precisión.
Vivimos un momento marcado por una crisis estructural del capitalismo, que ya no solo explota el trabajo, sino que pone en riesgo la vida misma . Un sistema que se reconfigura globalmente en función de la disputa por minerales, energía, datos y territorios. Un capitalismo que avanza hacia nuevas formas de control: inteligencia artificial, precarización extrema y despojo ambiental.
Y en ese contexto, vemos también el avance de formas autoritarias de gobierno como el de Kast, el auge de expresiones neofascistas en Nuestramérica, y la pudedumbre y el desgaste profundo de las instituciones que durante décadas administraron el conflicto social .
Frente a esto, debemos preguntarnos:
¿Dónde está hoy la clase trabajadora? ¿Cómo se organiza? ¿Cómo lucha?
Durante el siglo XX, el sindicato fue nuestra principal herramienta. Fue trinchera, escuela y espacio de articulación política. Pero hoy, debemos decirlo sin miedo: el sindicalismo tradicional está en crisis.

No porque la organización sea innecesaria, sino porque el capital ha cambiado las reglas del juego.
En Chile, más del 70% de la fuerza laboral vive en condiciones de precariedad, externalización o informalidad, y apenas un tercio tiene empleo protegido . La mayoría de las y los trabajadores simplemente no puede sindicalizarse, no porque no quiera, sino porque el sistema está diseñado para impedirlo.
El sindicato ha sido reducido a una gestión de lo mínimo, atrapado en leyes heredadas de la dictadura, fragmentado, debilitado, muchas veces subordinado al orden que debería combatir.
Por eso hoy, en este 1° de mayo, debemos dar un paso más allá:
Pasar de la pelea por el sueldo a la lucha por la vida Porque lo que está en juego ya no es solo el salario. Es el agua, es la tierra, es el tiempo, es el cuerpo, es la dignidad. Es la vida misma, capturada por un modelo que mercantiliza todo: desde la educación hasta los cuidados, desde la salud hasta la naturaleza.
Y aquí emerge una tarea histórica:
Superar el sindicalismo sin abandonar la organización
Superarlo significa expandir la lucha.
Significa construir organización donde hoy no llega el sindicato: en los territorios, en las poblaciones, en las escuelas, en los espacios de trabajo precarizado.
Significa articularnos con el movimiento feminista, que ha denunciado cómo el capitalismo se sostiene sobre el trabajo no remunerado de las mujeres.
Significa levantar una perspectiva eco-comunista, que entienda que no hay liberación posible si seguimos destruyendo los territorios y subordinando la naturaleza al capital.
Significa ser profundamente antipatriarcales, porque no hay revolución posible si se reproduce la dominación dentro de nuestra propia clase.
Y significa, sobre todo, construir poder popular comunitario.
Un poder que no se delega, que no se reduce al voto, que no se negocia en mesas cerradas.
Un poder que se ejerce en la asamblea, en la organización cotidiana, en la solidaridad concreta.
Porque ya lo vimos. En octubre de 2019, cuando el pueblo se levantó, la organización no vino desde arriba. Vino desde abajo. Desde la rabia acumulada, desde la vida precarizada, desde la necesidad urgente de cambiarlo todo. Ahí, por un momento, dejamos de ser trabajadores aislados y nos convertimos en pueblo organizado.
Esa experiencia no fue un accidente. Fue un anticipo.
Pero también aprendimos algo:
sin organización sostenida, la rebelión no alcanza.
Por eso hoy, el desafío no es solo resistir. Es construir.
Construir nuevas formas de organización que superen la fragmentación.
Construir articulación entre trabajadores, pobladores, estudiantes, comunidades en lucha.
Construir un proyecto político que no administre el modelo, sino que lo supere.
Y eso requiere algo fundamental:
No actuar a ciegas. Necesitamos, como pueblo trabajador, entender lo que está ocurriendo. Porque la lucha no es solo voluntad. Es también estrategia.
Compañeras, compañeros:
Este 1° de mayo no puede ser solo memoria.
Tiene que ser definición.
Definición de que no queremos seguir sobreviviendo en este sistema.
Definición de que no aceptamos la precarización como destino.
Definición de que nuestra lucha es por la vida digna, en todas sus dimensiones.
Y esa lucha y las soluciones no vendrán desde arriba. No vendrán desde el Estado. No vendrán desde las élites. Vendrá desde nosotras y nosotros.
Desde la organización consciente.
Desde la unidad en la diversidad.
Desde la construcción paciente y radical de poder popular.
Porque si algo nos enseña la historia de nuestra clase, es esto:
Cuando el pueblo se organiza, el poder tiembla.
Y cuando esa organización se vuelve proyecto, el mundo puede cambiar.

¡Arriba los pueblos que luchan!
¡Arriba la clase trabajadora internacional!
¡Por la vida, por la dignidad, por el poder popular Comunitario !
Escuela Popular Permanente /La Comunidad
1º de Mayo de 2026

